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Alberto Fernández finalizó su gira por Europa, en la que jugó su carta en la interna del FdT: la estrategia de viaje que no salió y los mensajes al kirchnerismo

Alberto Fernández con el presidente de Francia, Emmanuel Macron.  (Mohammed Badra/Piscina vía REUTERS)
Alberto Fernández con el presidente de Francia, Emmanuel Macron. (Mohammed Badra/Piscina vía REUTERS)

el dia que Alberto Fernández llegó a Madrid Rompió su principal precepto antes de subirse al avión: concentrarse solo en la idea central de su viaje por Europa, que era llevar a tres mandatarios su preocupación por el impacto de la guerra en Ucrania.

Con un puñado de declaraciones a un medio español le bastó para entrometerse en el interior que ha trastornado a toda la coalición peronista que conforma su gobierno y que expone sus diferencias con Cristina Kirchner. Le dijo al vicepresidente que tenía una “visión parcial” de la gestión.

¿Lo hizo a propósito? ¿Fue un acto reflejo ante las interminables consultas periodísticas sobre el futuro del Gobierno sin el apoyo de la Vicepresidenta? Cuesta creer que un líder político con la historia de Fernández en el poder, y el vínculo permanente que ha tenido con la prensa, pueda mover una pieza de ajedrez sin conocer sus consecuencias directas.

El Presidente le respondió a su compañero de fórmula las críticas que le hizo en Chaco hace una semana. Le molestaban y no le eran indiferentes. Aunque asegura que ella encontró un gesto positivo entre tanto cuestionamiento. Cristina no habló del conflictivo acuerdo con el FMI y para él es una clara señal de que esta discusión de fondo ha terminado. Estaba cerrado gracias a su silencio.

El presidente argentino con el canciller alemán Olaf Scholz
El presidente argentino con el canciller alemán Olaf Scholz

Cuando el avión de Aerolíneas Argentinas comenzó a recorrer la ruta entre Argentina y España, desde la reducida y selecta comitiva presidencial dejaron entrever que Fernández no quería subir al ruedo a pelear con Cristina Kirchner. Ese era su deseo después de largas semanas de fuego cruzado. Pero él hizo lo mismo. Se subió y el enfoque de la gira cambió.

A lo largo de tres días de ritmo vertiginoso, el presidente se esforzó por volver a poner en el centro de su agenda el verdadero motivo que le hizo organizar una gira contrarreloj para ver a tres importantes líderes europeos, como el presidente de España, Pedro Sánchez; el canciller alemán Olaf Scholz y el Jefe de Estado de Francia, Emanuel Macron.

Su principal preocupación era poder plantear las consecuencias que pueden sufrir los países de la periferia, como Argentina y muchos en América Latina, si la avanzada rusa en Ucrania sigue condicionando la economía global. En cada una de las reuniones que tuvo hizo un llamado de atención a los líderes europeos sobre la necesidad de trabajar juntos para detener la guerra.

Si la guerra no se detiene, el impacto de la inflación se profundizará, las restricciones comerciales generarán escasez de alimentos y el aumento de los precios, debido al aumento de la demanda, seguirá desequilibrando el mercado. estan arruinando el mundo”, asumió Fernández.

Su voluntad de dejar atrás los contrapuntos internos volvió a flaquear cuando allegados al Presidente le hicieron saber que si los funcionarios kirchneristas que debían firmar el aumento de tarifas no lo hacían, serían despedidos del Gobierno. Una advertencia muy clara al ala K de la coalición que no está de acuerdo con el plan de Martín Guzmán para segmentarlos.

El Jefe de Estado dio vida al interno cuando respondió al Presidente durante una entrevista con un medio español (REUTERS/Matias Baglietto/Pool)
El Jefe de Estado dio vida al interno cuando respondió al Presidente durante una entrevista con un medio español (REUTERS/Matias Baglietto/Pool)

La noticia estalló en Argentina mientras Fernández se reunía con la canciller alemana. El kirchnerismo evitó reaccionar rápido. No fue por falta de capacidad de respuesta inmediata, sino por una decisión política. No querían salir a responder con furia. En el círculo que rodea a Fernández nunca se sabe hasta dónde está dispuesta a subir Cristina Kirchner el listón del enfrentamiento.

El Jefe de Estado está convencido, al igual que su Ministro de Economía, de que es necesario “ponerle sentido común a la economía”. ¿Insinuando? Un funcionario de su extrema confianza lo explicó en una frase que describe a la perfección el pensamiento presidencial.

“El sentido común desaparece si quieres hacer un programa que usa cuatro puntos del PIB para apoyar subsidios para pagar a los ricos y si quieres vivir con 3 o 4 puntos de déficit fiscal”indicó, en una descripción que alinea al Ministerio de Economía con la Casa Rosada.

Fernández necesita reducir los niveles de emisión monetaria y reducir el déficit fiscal para poder encaminar el cumplimiento del acuerdo con el FMI y, sobre todo, para que la economía, como suele decir Guzmán, se calme. O, al menos, emprender ese camino sin baches permanentes. Quiere hacerlo a su ritmo y no al del Fondo, pero tiene que hacerlo.

El kirchnerismo tiene otra mirada. Ha pedido más emisión y han indicado que tiene margen para aumentar el déficit, con el fin de aumentar el gasto público. Fernández no cree en ese camino y no está dispuesto a seguirlo. Por eso le dice a sus frecuentes interlocutores que sus diferencias sobre la economía con Cristina son históricas, pero que es él quien toma las decisiones.

La primera escala del presidente fue en España, donde se reunió con Pedro Sánchez
La primera escala del presidente fue en España, donde se reunió con Pedro Sánchez

Lo que ha cambiado en Fernández después de la crisis post PASO es que llegó a ser un presidente que no está dispuesto a sucumbir a las presiones de su vicepresidente, quien lo ungió para dirigir el Gobierno, pero a quien le cuesta tolerar que se aferre a una estrategia económica que ella no comparte. Ahí comienza la disputa del poder real marcada por las diferencias.

Cuando llegó a París el jueves por la mañana, hizo otro intento de iluminar su diario de viaje. Tenía por delante la reunión más importante de la gira. El viernes iba a ser recibido por Macron. Así, durante una conferencia de prensa, dijo: “No quiero pelear con Cristina”.

Bajó el tono del reo que él mismo había revivido cuando aseguró en el diario El país desde España que la vicepresidenta tenía una visión parcial de su gestión y que no consideraba los daños causados ​​por la pandemia. No le parecía una descalificación, sino una realidad. El error, a efectos de su estrategia, fue haber registrado un nuevo capítulo del interno con su respuesta el primer día de gira.

Los vaivenes discursivos desbarataron una estrategia que había comenzado a dar sus frutos con el correr de los días. ¿Cual? Callar ante los ataques de K y, cuando esos ataques traspasaron los límites, como sucedió el día que “Cuervo” Larroque dijo “el Gobierno es nuestro”, que sean sus ministros los que respondan para que el silencio no resulte contraproducente.

Así fue hasta el último día que estuvo en Buenos Aires, cuando Martín Guzmán, habilitado por él, le dijo a Cristina Kirchner que la política macroeconómica de su último gobierno había tenido inconsistencias. “Ella dice lo que piensa y yo digo lo que pienso. Marcamos posiciones. De eso se trata”Fernández suele decir.

Fernández recibió importante apoyo del presidente de Francia, Emmanuel Macron
Fernández recibió importante apoyo del presidente de Francia, Emmanuel Macron

En el fondo, esta explicación busca marcar que él, aunque ella no lo crea, tiene el poder que le da su rol institucional y su representación de un sector del peronismo. Él no es inofensivo. No es un títere, como maliciosamente ha querido instalar la oposición a lo largo de su gestión.

Las reglas del juego no dicen que ella decide y el ejecuta. Sobre todo en este último tramo de su gobierno, donde decidió fortalecerse avanzando en sus decisiones a pesar de las reiteradas críticas de Cristina y Máximo Kirchner a su legitimidad, su poder y su hoja de ruta para lograr mejoras en la economía.

En el discurso que brindó en la embajada argentina en Francia el pasado jueves, Fernández se sinceró sobre el resultado negativo que tendría la publicación del número de inflación de abril, pocas horas después de haber hablado. Hizo así todo lo posible para amortiguar la peor noticia que puede recibir cualquier argentino y es que su sueldo le rinde cada vez menos.

En su entorno dicen que no sabía que el estudio del INDEC iba a arrojar un 6% en el último mes. Aún así, no cambió su percepción. “No estamos contentos con este resultado”, aseguró. En el Gobierno esperan que el descenso inflacionario sea lento, pero continúa. Es decir, que el próximo mes se rompa la última barrera. Siempre estará en un piso alto, pero con bajada.

Despojado de la metralla interna, Fernández se encontró este viernes con un inesperado cumplido de Macron, quien aseguró que el presidente argentino era un “actor importante en este tormentoso escenario internacional”, que quedó en pie tras la decisión de Vladimir Putin de invadir Ucrania.

Fernández pidió frenar la escalada de violencia en Ucrania (REUTERS/Benoit Tessier)
Fernández pidió frenar la escalada de violencia en Ucrania (REUTERS/Benoit Tessier)

Además de resaltar su preocupación, y la de América Latina, en su rol de presidente de la CELAC, sobre el impacto de la guerra en la economía de ese sector del mundo, y reunirse con los principales líderes europeos para escuchar qué escenario ven. frente a la continuación del conflicto armado, Alberto Fernández viajó a Europa para llevar un mensaje de paz y pedir el fin del ataque ruso.

Ese debería haber sido el tema predominante de la gira. Así estaba estipulado. Pero fue él mismo quien modificó esa proyección. Supo dejarlo bien marcado en el minuto final. “Necesitamos más comida y menos misiles”fue la frase que cerró su recorrido por la interna peronista.

Ya no hay dudas sobre la condena de Argentina a Rusia por la tragedia en Ucrania. Tampoco de la voluntad de Alberto Fernández de intentar jugar un papel preponderante en las negociaciones que puedan abrirse para llegar al final de la guerra.

Desde su lugar, desde su modesto papel en la agenda global, quiere hacerse oír como una visión moderada. Convencer de que las sanciones económicas contra Rusia no son el mejor camino a seguir y persuadir a los líderes europeos de la necesidad de bajar el tono belicoso y detener la escalada de violencia en Ucrania.

La gira tuvo un balance positivo para Fernández, a pesar del enorme desgaste que le sigue generando el interno. Dejó su mensaje, fue aceptado y bien recibido por los presidentes y el canciller. Cuando llegó a Buenos Aires se encontró con que Máximo Kirchner lo había vuelto a criticar sin nombrarlo a él y a Martín Guzmán con su nombre y apellido. Todo volvió a la normalidad.

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