Tuesday , August 16 2022

A ajustar que se acaba el mundo

Sergio Massa, nuevo ministro de Economía
Sergio Massa, nuevo ministro de Economía

Mucho más allá del cotillón, la fanfarria y el salvaje carnaval de Río de Janeiro que marcó la llegada de serge masa al Poder Ejecutivo, es importante reconocer un mérito al tigrense: la conquista de algo que nadie había logrado hasta ahora. La flamante megaministra logró, al menos por estos días, desmontar el relato de Cristina Kirchner en relación a cómo se debe manejar la economía. no es poca cosa.

En el “anuncio de anuncios inminentes” con el que debutó este miércoles, Massa se desmarcó explícitamente, aunque sin entrar en detalles, del catecismo económico de Fernández de Kirchner. Ajuste, cumplimiento de las metas fiscales acordadas con el FMI, reducción de subsidios eléctricos, recorte de gastos, control de planes sociales y no emisión. A vivir con lo justo, con lo que hay. Nada de fantasear con un “plan plateado” por ahora.

Del discurso feroz de Ensenada a la reivindicación de la ortodoxia económica. Del portazo de Máximo al regreso de Luis D’Elía a la casa del anciano. De la militancia efervescente de los chicos por la liberación al pogo de la clase media del Frente Renovador.

“Ni súper nada, ni mago, ni salvador”, aclaró Massa. Nada dijo sobre si tiene al menos la credibilidad que es indispensable para que los exportadores liquiden en tiempo y forma o para que los bancos internacionales acuerden cerrar acuerdos de financiamiento.

El gran reto del nuevo ministro de Economía es regenerar ese activo imprescindible que, según todos los sondeos de opinión conocidos, precisamente le falta: la confianza. Juega a favor del recién llegado el contexto de extrema fragilidad en el que recibe el estado de la macroeconomía. La semana llegó al límite con el Banco Central vendiendo dólares y bajando las reservas líquidas pero, también hay que decirlo, que se detuvo la escalada violenta de divisas.

Sin herramientas rápidas para reconstruir un escenario de previsibilidad y certezas, Massa se nutre de su bagaje de ambición política, audacia y amplia agenda de contactos muy estrechos en el círculo rojo.

Un rápido recorrido por las primeras filas de platea que dieron densidad a su llegada a la Rosada nos permite sacar algunas conclusiones. No todos los primeros planos de empresarios con los que se amenizó la breve televisión son rápidos de digerir para los amigos de la Patria. Muy al contrario, no son pocos los que regurgitaron ácido sin pestañear sobre la gloriosa tarde de Sergio Massa.

Máximo Kirchner, que reconoce en el Tigrense una especie de entrenador político, un sherpa en el mundo de los establishment men, no estaba en esa foto. Tampoco su madre, quien sí se dejó inmortalizar en una imagen que los muestra en una imponente mesa con solo dos puestos. La comentada troika del poder llegó hasta el martes. Uno de los vértices de ese trípode de la coalición gobernante agotó su oportunidad.

Tras la recepción que se montó en el Museo Bicentenario, más propia del trabajo de un wedding planner que de los mandados de Casa Militar, Alberto Fernández abandonó el escenario sin mucho ruido, con más pena que gloria, pero alzando su autoreivindicación. .

Alberto Fernández se atribuye haber sostenido la unidad del Frente de Todos contra viento y marea. Compromiso al que se aplicó sin advertir ese daño autoinfligido con el que terminó de llevarse la economía nacional. El Presidente se desvanece en el aire, por no decirlo en lunfardo.

Hay quienes prefieren desconfiar de esta desaparición forzada de Alberto Fernández y en voz baja advierten sobre una capacidad restante de daño. La vida pasa y los rencores quedan, dicen los más insidiosos. Pero este es otro tema.

Desplazado del centro de la escena, Fernández sigue siendo indispensable. No tiene el poder, pero tiene la pluma. Le guste o no, será convocado para poner el anzuelo a cuanto Decreto de Necesidad y Urgencia brota de la inventiva de Massa. Vilma Ibarra está para cuidar la firma. Ha ido salvando el pellejo, pero, como los que se fueron, está nominada.

Massa pasa para muchos a ocupar el papel de la “mancha venenosa” que le sentaba tan bien a AF. Confían en su diligencia y confianza temeraria, pero prefieren mirar desde afuera. Con una diferencia sustancial: acompañan desde más allá y no parecen dispuestos a contradecir, al menos por ahora. Alguien tiene que hacer el trabajo sucio. Sergio parece dispuesto. Los más duros dicen que le dieron dos meses de changüi.

Massa tiene poco tiempo y lo sabe. Lo que probablemente no pueda medir es el umbral de tolerancia de CFK y el de ella cuando se trata de tragar sapos claudicantes crudos.

Por ahora, el ultrakirchnerismo guarda prudente silencio. Frente al precipicio nadie parece dispuesto a molestar. Sergio Massa juega al todo o nada. Tienes que dejarlo ir.

El ministro de Economía, Sergio Massa, firma su cita con el presidente Alberto Fernández durante el acto de inauguración en la Casa Rosada
El ministro de Economía, Sergio Massa, firma su cita con el presidente Alberto Fernández durante el acto de inauguración en la Casa Rosada

La Cámpora está demasiado ocupada brindando apoyo mediático a CFK cuando enfrenta la peor semana judicial que se recuerda. La audiencia pública y oral del caso Vialidad ofrece una exposición detallada de “una de las matrices de corrupción más extraordinarias”, según el fiscal Diego Luciani. Otro golpe.

“Si tocan a Cristina, qué lío se va a armar”, es la consigna del momento. Del Salario Básico Universal, ni hablar. El silencioso repliegue cristi-camporista de las demandas sociales no tiene su correlato en las organizaciones sociales o gremiales.

Juan Grabois no parece dispuesto a relajarse. Con los pies ya fuera del plato, asegura que no se siente contenido por las medidas económicas anunciadas y está considerando salir de la coalición oficialista con sus legisladores del Frente Gran Patria. Intenso al máximo, sube el voltaje de sus reivindicaciones y comienza a liderar junto a los sectores piqueteros más radicalizados. Un pequeño problema allí.

La idea, nada nuevo por cierto, llevar a cabo una política de reorganización de los planes sociales durante los próximos 12 meses anunciada por SM sin demasiados detalles ni precisiones no cierra las organizaciones sociales.

Lo de la CGT toca otras fibras muy sensibles. Los dirigentes sindicales no quieren tener nada que ver con bonos o sumas fijas. Los hasta ayer mansos curas del sindicalismo están en pie de guerra. Quieren hablar de igualdad, no de ajustes salariales por DNU. Lo que está en juego es una cuestión de poder.

Se rechaza rotundamente la idea de enmendar la pobreza en que ha caído buena parte de los trabajadores registrados y en blanco por el decreto o la suma fija.

El anuncio de Massa viene a avivar el avispero de las tensiones enterradas que anidan en la relación entre la CGT y La Cámpora.

“La Cámpora es como la humedad… avanzan… quieren meterse en todo”, dice un conocido dirigente sindical. Según esta perspectiva, la concepción de poder que CFK imprime a los campistas va en la dirección de intentar apoderarse de todas las terminales.

Sospechan de las reacciones de CFK y muchos de ellos están convencidos de que ella quiere incorporar a los campistas a la estructura de la CGT. Los más ortodoxos aseguran que el objetivo máximo es apoderarse del peronismo.

Hasta el anuncio de un bono o suma fija rebajada por Massa estaban dispuestos a acompañar apostando por impronta y capacidad política, pero tras conocer los anuncios ratificaron la marcha del día 17. El sindicalismo debe seguir conservando su propia identidad, aseguran. “La marcha no se levanta porque haya una apuesta por el poder político”. Lo oficializaron así, con todas las letras.

“Tienen línea, son patológicos, cerrados, ven conspiraciones permanentemente y pretenden centralizar la toma de decisiones”. Así definen al kirchnerismo en el sindicato de trabajadores. Ahora salen abiertamente a resistir.

Los dirigentes sindicales entienden que esta idea es propia de la perversa concepción del manejo de decisiones que tiene el kirchnerismo. Consideran que apunta a una concentración de poder que no solo desvaloriza la dirigencia sindical sino que opera aplanando la pirámide laboral.

El nombramiento de Gabriel Rubinstein refuerza la veta fiscalista enunciada por el tigrense. Hasta hace días, el nuevo viceministro de Economía defendía en los medios un fuerte ajuste fiscal y proponía dólares diferenciados para escapar de una devaluación que muchos entienden como inevitable. La maldita palabra es inevitable.

La oposición de Juntos observa con cautela el despliegue del Gobierno. Si el oficialismo logra sellar un entendimiento interno al avanzar con medidas duras, se verá obligado a acompañar. Nadie quiere hacerse cargo del endurecimiento que se avecina.

José Luis Espert sugiere que Massa está haciendo lo mismo que intentó Macri y hay quienes sostienen que el nuevo ministro está a la derecha del renunciante Martín Guzmán.

Siempre se dijo que el problema es la política y no la economía. Ahora todo parece indicar que con la situación económica tocando fondo, la crisis acaba forzando entendimientos en la coalición gobernante. La brecha que ordena la política.

El miedo es cobarde y desgasta la doctrina.

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