Monday , July 4 2022

Ucrania: de la pésima señal de Alberto Fernández en Moscú al comunicado de la Cancillería

Alberto Fernández, en su encuentro con Vladimir Putin, en Moscú, hace veinte días

Tras un silencio incomprensible y a la vez sugerente, el Gobierno tomó posición sobre el principal foco de tensión mundial: la ofensiva de Rusia sobre Ucrania y las sanciones desencadenadas por Estados Unidos y la Unión Europea. Lo hizo con una declaración que naturalmente llama a resolver el conflicto por la vía diplomática, en un tono que por sí solo daría pie a la polémica. No es un dato único. Ocurre que en política exterior -mucho más que en el ámbito doméstico- las líneas están resaltadas y no solo los puntos. y el texto de La Cancillería se lee entonces en el contexto marcado por las declaraciones y gestos de Alberto Fernández hacia Vladimir Putin, hace apenas veinte días, en Moscú.

El comunicado oficial pide una solución pacífica y “hace un llamamiento a todas las partes involucradas” para resolver el conflicto en el marco de las resoluciones de la ONU y el derecho internacional. La referencia a las “partes involucradas” –dos veces en ocho líneas– Podría surgir como una forma neutral de exigir y colaborar, aunque sea en parte, para alejar la amenaza de la guerra, la tragedia. El punto es qué tan profundo o formal marca la declaración. Otros países, como México, estuvieron en la misma línea pero enfatizando el respeto a la “integridad de Ucrania”.

Por supuesto, lo que se discute tiene un eje y al mismo tiempo excede a Ucrania. En un tablero donde Estados Unidos, Rusia, China y los países de la UE -especialmente Alemania y Francia- mueven sus piezas -directamente o no-, Moscú resolvieron escalar en sus movimientos al “reconocer” los territorios de Donetsk y Lugansk como repúblicas independientes. Marcó un alejamiento de la “lógica” que los analistas internacionales especulaban que apuntaba a explotar posiciones grises en Washington y sus aliados.

No es lo que está pasando. La constante es, sin embargo, la inclinación al abismo de una guerra. ¿Era impensable esta imagen? Lo único que está claro es que Alberto Fernández voló a Moscú para su encuentro con Putin, en un viaje a Pekín, cuando el conflicto ya era ineludible y un punto alarmante en la parte superior de la agenda internacional.

Imagen de alarma en las fronteras de Ucrania
Imagen de alarma en las fronteras de Ucrania

Como posición más dura, algunas voces opositoras llegaron a reclamar la suspensión de la reunión con el presidente ruso. Nada sugería que sería una alternativa sensata en política exterior dar marcha atrás solo unos días después de programar y publicitar la reunión. Eso, sin contar los posibles problemas internos, siempre en primera línea. De todos modos, lo razonable era extremar el cuidado, es decir, medir gestos y declaraciones.

Lo ocurrido en Moscú fue al revés e incluso algunas fuentes del oficialismo dejaron trascender su desconcierto y cierto malestar. El presidente cuestionó las relaciones con Estados Unidos y el FMI antes que Putin. Algo extraño por distintas razones -coyunturales y diplomáticas- para ser dicho en Moscú. Sin embargo, parecía más significativo el mensaje ofrecido a Argentina como “puerta de entrada” de Rusia en la región.

Una parte de esos mensajes -amplificados en una conferencia de prensa desde Barbados- buscaban ser enmendados con esfuerzos apurados por la necesidad de cerrar el acuerdo con el FMI, no por definiciones sustantivas en materia de política exterior. Hubo contactos nuevamente en Washington y también aquí para neutralizar el malestar generado en la administración demócrata. Finalmente, Alberto Fernández dijo que sus críticas apuntaban a la era Trump y agradeció a Joe Biden por su papel.

Eso apareció como una señal destinada a suavizar las negociaciones de la deuda. Por otro lado, el gesto sobre la Argentina como puerta para la proyección de Moscú en la región Quedó como telón de fondo, ya previsible, del conflicto con el eje en Ucrania. Fue un mensaje poderoso en términos de geopolítica.

La pregunta es Hasta qué punto el Gobierno le da a Rusia un lugar de “socio estratégico”. Voceros de Olivos buscan sustentar lo hecho en el viaje a Rusia y China como un hecho central de una posición “multilateralista”. No es lo mismo que destaque el kirchnerismo y menos lo que se llama kirchnerismo duro. Precisamente, este intento de equilibrar lo interno también se aplicó a las relaciones exteriores.con una distribución de destinos diplomáticos de peso según el gusto de cada miembro de la coalición de gobierno.

Este esquema de división de áreas es conflictivo y costoso en la gestión, más grave aún en el frente externo. Nada que hable de multilateralismo, en un sentido amplio y como posición equilibrada. El mal eco de ese mensaje dejado en Moscú connota silencios o textos de estas horas.

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